Los Objetos Transicionales

Los bebés cuando nacen aprenden a satisfacer necesidades orales con sus dedos, simulando la lactancia materna y calmando un instinto muy básico. Este es un acto subjetivo que se realiza a partir de la búsqueda de satisfacción.

Cuando son un poquito más grandes, los niños calman estas necesidades de manera más objetiva y así buscan objetos que están a su alrededor, los cuales se vuelven significativos porque representan seguridad y calma. Son como un compañero emocional para ellos. Es así como aparece el peluche, la mantita, el chupón, la almohada o el camisón.

Este objeto puntual y especial es elegido de manera libre por cada niño, tiene un olor significativo para él (huele a casa, a mamá, a él por el tiempo que lo acompaña), es de textura suave, un compañero fiel y les brinda seguridad. Entonces a algunos niños la mantita los acompaña a dormir, o el osito los acompaña al primer día de clase y calmarán su ansiedad en distintos momentos.

Junto con estos objetos también pueden aparecer “fenómenos/conductas transicionales” que son aquellas conductas que acompañan al niño: acariciar el pelo antes de dormir, chuparse el pulgar, coger la mano, tocar el lado rugoso del codo o alguna parte puntual del cuerpo del otro.

No todos los niños optan por objetos transicionales (para algunos será la propia madre) o los exigen con la misma intensidad, cada niño dentro de su propio “yo” irá buscando lo que necesita para cumplir las exigencias del día a día y de las emociones que vive. No hay reglas para ellos, a algunos los acompañarán hasta los 12 años, pero lo más importante de resaltar es que este objeto regresará a ellos a lo largo del tiempo cada vez que lo necesitan y sobre todo se irá cuando sean capaces de ir adquiriendo mayor independencia.

El objeto transicional debe ser tratado con amor y debemos respetar el tiempo de cada niño hasta que pueda dejarlo ir.

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